La actividad, especialmente diseñada para estudiantes de los módulos 3 al 6, tuvo como propósito brindar herramientas para el reconocimiento, análisis y manejo de los miedos a través de una metodología participativa y expresiva.
La jornada se desarrolló en dos etapas complementarias. En la primera, cada estudiante reflexionó en silencio sobre sus temores más significativos, los identificó y los plasmó en un papel de forma anónima. Luego, estos escritos fueron depositados en la “urna de los miedos”, en un acto simbólico que representó liberarse de aquello que limita y condiciona.
En la segunda instancia, los y las participantes fueron invitados a imaginar y describir cómo sería su vida si esos miedos no existieran. Este ejercicio promovió la visualización de un futuro más libre, optimista y proactivo, despertando la creatividad y reforzando la confianza personal.
Más allá del valor simbólico, la propuesta buscó crear un espacio seguro para la expresión personal, donde cada estudiante pudo compartir y reflexionar sin temor al juicio, fortaleciendo así la empatía y el sentido de pertenencia dentro del grupo.
La actividad contó con el acompañamiento de la profesora de Arte, Claudia Fermanelli, quien aportó recursos creativos para enriquecer la dinámica, y con la presencia activa de la secretaría de la sede, Mónica Zamudio, quien destacó el compromiso de los estudiantes y el impacto positivo que generaron este tipo de experiencias.
Desde la Dirección de Educación para Jóvenes y Adultos se subrayó que este tipo de propuestas trascendieron la enseñanza académica tradicional, integrando la educación emocional como una herramienta clave para el desarrollo integral de las personas.
“Gestionar las emociones fue parte de aprender a vivir en comunidad, a construir proyectos y a confiar en uno mismo”, remarcaron desde la institución, reafirmando su compromiso con una pedagogía inclusiva, participativa y humanizada.
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