El acto, cargado de simbolismo, gratitud y memoria, se convirtió en un espacio de reencuentro, afecto y reconocimiento colectivo. La comunidad educativa acompañó a los y las egresadas en una jornada que dejó en evidencia que la educación de jóvenes y adultos es un camino que transforma vidas y fortalece vínculos.
Dos momentos marcaron especialmente la ceremonia: por un lado, una estudiante tomó la palabra en representación de sus compañeros y compañeras para compartir un emotivo discurso de despedida. En sus palabras se reflejaron la emoción, la ternura y la resiliencia de quienes forjaron vínculos profundos, atravesaron desafíos personales y compartieron aprendizajes significativos. Por otro lado, un docente dedicó unas sentidas palabras al grupo, destacando no solo la perseverancia y el compromiso con el estudio, sino también la capacidad reflexiva, el crecimiento intelectual y la fuerza colectiva que caracterizó a esta promoción.
Cada egresado y egresada recibió una medalla conmemorativa, como símbolo de una trayectoria construida con constancia, dedicación y transformación. El gesto fue acompañado por cálidos aplausos, abrazos, sonrisas y miradas cargadas de orgullo. En ese instante se hizo visible el impacto profundo que tiene la educación en la vida de las personas: no solo por los conocimientos adquiridos, sino por los valores compartidos, las metas alcanzadas y la confianza ganada en uno mismo.
El encuentro culminó con un brindis colectivo, en un clima de celebración, gratitud y alegría compartida. Se compartieron palabras, anécdotas y emociones que reafirmaron a la escuela como un espacio donde no solo se enseñan contenidos curriculares, sino también se construyen proyectos de vida, ciudadanía activa, vínculos solidarios y aprendizajes significativos para la vida.
Una vez más, el Centro N° 59 celebró la educación como motor de transformación personal y colectiva, reafirmando su compromiso con una pedagogía situada, amorosa, inclusiva y profundamente humana.
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